Es la misma constelación

Me fui cuando comenzaba a entender los vínculos, cuando me permitía descubrir nuevos recuerdos porque sabía que no iba a regresar. El verde de mis montañas, la brisa que nunca era tan fría como para hacerme volar;  me fui cuando empezaba a pertenecer.

Ahora que tengo un gato dormilón, entiendo mi necesidad de independencia, de espacio y de control, me fui porque necesitaba conquistarme, me fui porque quería verte en mi realidad.

Escucho las mismas canciones nostálgicas que escuchaba en lo que fueron mis sofás, no quiero volver a irme para pertenecer, quiero descubrir y conocerte, deseo crear arte como nunca antes, deseo verme despegar para encontrar en mi vuelo un nicho y así, sentir algo que lleve mi nombre, mi verde, mi brisa.


-Sara Matos-

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Si no te encuentras en mis letras es porque no has buscado bien

-Sara Matos-

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No sé dónde estoy, pero sé que pronto lo sabré

  A veces, en un rinconcito de la noche mis pensamientos se nublan entre lo absurdo y empiezo por no recordar cómo llegué aquí, ni qué tuvo que pasar para que yo llegara a mi anhelado destino. Rescato antiguas conversaciones con el propósito de esclarecer mis nuevos vacíos y es sorprendente toparme con mi valía, mi capacidad de aguante, porque ahora mismo, me queda muy lejos esa Sara. Es otra nueva etapa en el que la energía destinada para mis nuevas metas, es distinta.

  Tengo momentos en los que empiezo a disociarme, siento síntomas que se relacionan con la ansiedad. De hecho, en estos días me asusté porque me dolía el pecho como si de un ataque cardíaco se tratase, pero sé que todo está en mi mente, entre mi estrés y la hipocondria. Novio me cuenta sobre el ”Síndrome del corazón roto” algunos síntomas se le parecen, pero como he dicho, sé que es la ansiedad. Trato de encontrar cosas que me recuerden a casa, que me aten a mi núcleo, porque cuando empiezo a disociarme, pierdo norte y mucho de sentido de mi vida.

  Ahora vivo en un pueblo colonizado por extranjeros en su retiro, la gente joven es escasa y el ritmo citadino una ilusión. La atracción de éste pueblo para mí, se centra en pasear al perro en tranquilidad e ir al supermercado, caminar en libertad era algo que empezaba a olvidar. Formar parte de éste retiro también me ayuda a tranquilizarme, sin embargo, la tranquilidad es para mí, un referente de lo que quiero a futuro y no quiero perder el ritmo frenético de la ciudad, ni de sus miles de rincones para explorar, ni de la cultura que baña a las personas. Mientras no sepa dónde estoy, tengo que obligarme a pensar hacia dónde quiero ir.

Tardé mucho en dar un re-inicio a la escritura, no encontraba el momento. Así van las cosas, así vendrán las rimas.

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-Saragrafias

Bitácora de Saragrafías: El viaje

Estoy cansada si quiera para escribir mis memorias, volver a Venezuela fue como volver a ponerme la camisa de fuerza que me mantiene a raya, sin embargo, estoy lo suficientemente despierta para contener las ideas, filtrarlas y dejar constancia en mi blog… espera ¿qué? ¿te fuiste?

Sí señores, una ausencia merecida hacia un reencuentro familiar que nos debíamos, puede el tiempo hacer estragos y consumir nuestra existencia, esta una de las tantas reflexiones sobre el viaje, que compartiré a continuación.

Mi hermano vive en México, país con el que tengo historia, así que volver a él, fue volver a la calidez de un hogar en el que pertenezco y soy correspondida, por el otro lado, “volver a la hermandad” como lo dije hace unos días, es volver al sentido que tiene un vínculo, un igual y un núcleo compartido, esto suena rimbombante, así que aclararé el significado. Básicamente no había visto a mi hermano en 6 años, he perdido la sabiduría que da la convivencia y lo que realmente significa tener un igual, Venezuela te mantiene en una opresión tal que solo se ha concentrado en marcar la desigualdad, manteniendo una competencia absurda por sobrevivir, las noches más oscuras de este año me han servido para ilustrar que lejos de contribuir como “comunidad” ante crisis humanitarias, solo se espera dañar al otro, lo que conlleva a que permanezcas en una postura defensiva y desconfiada de todo el que te rodea.

La fraternidad había sido desplazada, el no sentido de pertenencia hacia mi núcleo, el despropósito de crear vínculos, era algo que había normalizado, la sensación de formar parte y de entender que otro está para tenderte la mano parecía algo lejano, en desuso y olvidado. Que te reciban con muestras de aprecio desinteresadas, que puede ser lo más normal del mundo, para una persona como yo, que viene de un ambiente totalmente adverso, es una acción que conmueve hasta la médula, pues me doy cuenta que la indefensión aprendida está, y que me he acostumbrado al maltrato y a la sola supervivencia. Sí que es cierta la frase que dice que “hasta para ser libre hay que acostumbrarse” estar en aislamiento del progreso hace que por momentos olvides soñar en grande y que eres merecedora de tus éxitos, pues el tiempo parece ser un carcelario que te recuerda que la esperanza no existe, envejeces y comienzas a dejar de luchar.

México como siempre ha sido un país al cual volver, adoro su cultura, su gente, sus paisajes, me siento en casa, me siento querida, me recordó las cosas por las que lucho, en las que creo, mi ruta siguiente y lo que me falta para alcanzar mi próxima meta. Vengo con la energía renovada, con el candor del reencuentro, con ganas de seguir y convertir al tiempo en mi aliado ¡Volvemos!

La senectud de mis padres

El viaje me hizo entender que mis padres transitan ahora el pabellón que conduce a la vejez, ser consciente de este hecho ha sido un choque, porque estoy acostumbrada a ver a mis padres ser proactivos, así que era de esperarse que el paso del tiempo reajustara la forma en la que se enfrentan al mundo. Muchas de las decisiones como líder de grupo le correspondían a mi padre, ver ahora que su capacidad física ha disminuido conlleva a que sus tareas sean delegadas a sus hijos. Viajar con ellos me confrontó con su realidad y la realidad es que ya no pueden hacer las mismas cosas del modo al que yo estaba acostumbrada, cuando entiendes eso, logras aumentar tu empatía y calmar tu mente, pues la paciencia es algo que debe imperar, como le decía a una amiga, “yo también voy a pasar por eso y lo único que no quiero es que me traten mal”.

Así que debido a esto, el itinerario del viaje cambió, se disminuyeron las caminatas, y en vez de ser aventureros (que nunca lo hemos sido) descansamos del mundo hostil del que proveníamos. Supongo que para mi hermano también fue un impacto, ya que ha perdido como he dicho, la sabiduría de la convivencia y el concepto de padres que se hallaba en su mente pertenecía a la imagen de unos padres rozagantes de vitalidad, ahora que conocemos la realidad de nuestra familia, espero que la próxima reunión no sea dentro de otros 6 años más, el tiempo corroe, el tiempo no perdona y es nuestra única constante.

La tercera cosa que odio: El venezolano que “queda”

Estar en 2 aviones compartiendo con 100 venezolanos ha sido el caldo de cultivo si se quiere, de mis apuntes antropológicos, el venezolano que queda, es aquel que ha sido despojado de toda cívica, perteneciente de un lugar sin dueño ni leyes, cree poder imponérsele a los demás con su desestructura, pues no respeta el lugar que ocupa el otro, no pasa desapercibido, siempre hará alarde, querrá ser visto, tiene un rancho en la cabeza. Lo odio, me avergüenza si quiera decir que soy venezolana, porque nuestra sociedad se ha descompuesto a tal punto de ser animales heridos, nos hemos convertimos en cáncer, en el chamo incómodo de ver, en los que nadie quiere tener que lidiar, el venezolano que queda es aquel incapaz de adaptarse, chovinista y jodedor, por ellos, pagamos todos, las miradas de desprecio y hasta un punto de control migratorio se convierte en tu peor pesadilla solo porque tu pasaporte dice “Venezuela”.

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En resumen, esta ha sido mi experiencia y reflexiones con respecto a este viaje, ya saben que me gusta dejar constancia por escrito de mis vivencias, porque yo que solía bromear con mi déficit de memoria a largo plazo, parece ahora una realidad al darme cuenta que el gen del Alzheimer corre por mis venas, así que más me vale ejercitar mi cerebro con mis vivencias.

Estoy de vuelta y no dejaré de escribir.

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-Saraverdades.

Una persona analítica

Llega a mi consciencia una conversación casual, aparentemente inocente, detonó a alguien y luego en mí un profundo análisis. Sé que me quejaba por las típicas conversaciones populares, de las que me causan tirria no por ser banales, sino por planas, todo lo que observo para mí es digno de análisis, y lo que escucho que me causa rechazo también, me lo llevo a casa de tarea. Al comentar ésto, la otra persona respondió con cierta amargura, pude ofenderme fácilmente, pero sabía que lo que me decía era una queja aún más profunda de malestar personal, nada tenía que ver conmigo ni con lo que le estaba comentando.

Me parece muy curioso ahora, cómo algunas personas les temen al análisis, al cuestionamiento, la duda. Lo que para muchas personas es una pérdida de tiempo, yo lo considero una fortuna.

Nunca se detuvo a observarse, por eso no observaba a otros, yo era inexistente dentro de su mente llena de archivadores sin abrir. 

Tomaré unas palabras de mi papá-erizo:

“Siempre estoy investigando, con un único centro: La vida misma, el darle a la vida sentido, porque sé que no tiene sentido”

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-Sara Matos-

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¿Por qué no funcionó?

Ella me preguntó “¿Por qué no funcionó?” Y yo sencillamente le dije: porque no era tú, y no porque quisiera dármelas de galán en la conquista, sino porque esa era la raíz de mis fracasos.

No planeaba buscarla, pero la buscaba, no sé cómo terminaba en mis pensamientos de madrugada. Impuso estándares su sola sonrisa, ya veo por qué el resto no me causaba ni cosquillas. Y es un poco triste para toda mi historia, pero no las desprestigio, simplemente, no eran tú.


-Sara Matos-

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La anécdota

     Contestando el hilo de anécdotas nominada por: Luces y Sombras  y otro paisano querido Djjosegd, entrego un trozo de mí y mi experiencia. Gracias a ustedes por hacernos reflexionar sobre ciertos aspectos de nuestra vida, abriendo su corazón.

     Era una mañana que desperté con el corazón destrozado, la cabeza dando vueltas, y no mucho más que vísceras, tenía un examen importante al cual no había podido estudiar porque el día anterior recibí una noticia que me desajustó el sistema. En ese momento sólo pedí a gritos una señal que amansara mi espíritu, una señal del universo que me ayudara a sanar, justo en esa mañana de corazón roto se presentó.

     Después de presentar aquel examen, tuve una clase con un profesor que fue mi ángel del día, si había pedido una señal, esa era, sentí que la clase era para mí, sentía que se trataba de mi caso, mi corazón volvía a dar una muestra de encanto. Su clase despertó en mi nuevas sensaciones y reanimó mi espíritu, esa clase se convertía en la sumatoria de todos los pensamientos a los que le daba vuelta y no había sido capaz de asumir y asimilar todavía. Se presentaba una nueva oportunidad de hacer las cosas correctas porque una misma situación se me repetía, era momento de usar las herramientas que había adquirido en todo este tiempo y emplearlas con madurez para darle la vuelta.

     Los problemas son sólo consecuencia del tiempo actual en el que se presentan, nos tomamos un tiempo para despejarnos de esos problemas y de quienes nos los brindan, ya volveremos a esas personas cuando nos hayamos calmado, renovado y mejorado. Cada día podemos cambiar, ser una mejor versión de nosotros mismos, por muy lento que sea el progreso.

     Me sentía en el deber moral y espiritual de responder a los mensajes del universo, ya se hacía evidente el martilleo constante de señales como luces de neón (siento todo muy intenso en relación a las energías, soy una persona bastante intuitiva)*. Ese día simplemente me cambió la vida, y fue tan significante para retomar ciertos asuntos pendientes. La actitud y la energía que asumí desde ese día ha sido un giro totalmente en mi vida, entender mi proceso, los procesos de las personas, el para qué se me repetía esa situación, entendí el vínculo eterno que conservo con ciertas personas que va mucho más allá de “ésta vida” por así decirlo.

     No sabemos los problemas que hay detrás de las personas, jamás me imaginé que hubieses vivido tantas cosas. Tu fuerza sin duda; es digna de admiración, aprendí de ti que nos podemos equivocar y seguir adelante sin ningún problema. Aprendí de ti que no debo juzgar por la apariencias, aceptar, apoyar y ser agradecida con la vida.

*Aprovecho esta entrada para hacer mención a Silvia, quien con su blog (que ha sido otra señal inequívoca para mí), ha nutrido mi espíritu, ya que ella expresa y plasma lo que a mi me sucede con todo este tema de las energías. 

También aprovecho para volver a compartir este escrito de El Descubrimiento del Amor titulado “La casualidad no existe, el amor sí”, que ha sido bálsamo para mi espíritu, de vez en cuando lo vuelvo a leer, todo es tan mágico y real. 

 

-Saraverdades

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