Es la misma constelación

Me fui cuando comenzaba a entender los vínculos, cuando me permitía descubrir nuevos recuerdos porque sabía que no iba a regresar. El verde de mis montañas, la brisa que nunca era tan fría como para hacerme volar;  me fui cuando empezaba a pertenecer.

Ahora que tengo un gato dormilón, entiendo mi necesidad de independencia, de espacio y de control, me fui porque necesitaba conquistarme, me fui porque quería verte en mi realidad.

Escucho las mismas canciones nostálgicas que escuchaba en lo que fueron mis sofás, no quiero volver a irme para pertenecer, quiero descubrir y conocerte, deseo crear arte como nunca antes, deseo verme despegar para encontrar en mi vuelo un nicho y así, sentir algo que lleve mi nombre, mi verde, mi brisa.


-Sara Matos-

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Hoy lloré lo que no había llorado en seis meses

Bienaventurados aquellos que ceden el control a las lágrimas y no temen desintegrarse, esa es mi dicha. La cuarentena no había representado problema porque de mi vida turbulenta y convulsa, significaba una pausa. Volver a los escenarios después de una serie de eventos desafortunados implica recalibrar los indicadores de la tolerancia a la frustración, afortunadamente mi umbral es muy alto, pero el de las personas que me acompañan en mi proceso, no lo es.

¿Cómo lidio con toda esa carga acumulada de estrés? 

¿Cómo lidio con las personas que entran en crisis y sacuden todo a su paso? 

La verdad es que no tengo idea de dónde saco la fuerza, pero siento que esto no deja de ser un desafío del Gran Rey. ¿Bruja? ¿Me oyes? Ayer entre mis miedos, no dejé de orarte, no me dejes sola, ahora es cuando más te necesito.


-Sara Matos-

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Actualización

Ya ves, al final de la historia me mudé, comencé a rodar mis proyectos, ya no me da tiempo ni para tener pesadillas, mis problemas han cambiado, ya no me preocupo por la inseguridad, aunque siempre cargo la sombra de la persecusión. Sigo disfrutando de las pequeñas cosas, la cuarentena no me ha incomodado tanto como pensé que lo haría. Mi hermano enmarcó dos de mis ilustraciones, sigo escribiendo cuando así lo dicta mi agenda, me estoy organizando, sigo enamorada, quiero hacer nuevos vínculos para no cometer el mismo error de quedarme sin apoyo y sin perspectivas.

Ahora escucho audiolibros, me va fenomenal, sigo estudiando y sigo escribiéndote. También cuido de un perro, aprendí a cocinar y aprendí a llorar. Las flores están tomando color de nuevo ¿Entre lo malo? no tengo algo propio más que mi espacio junto a mi escritorio, a veces me da miedo el vacío y la muerte que me acompaña en este viaje y rodea a la gente con la que convivo. ¿Lo bueno? Somos amigas y nada es eterno.


-Sara Matos-

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Es anécdota.

Volví al hospital, no por mí. Ahora debo tomarme en serio cuando alguien me hace una invitación para ser su acompañante. Siempre he estado consciente de la finitud de nuestras vidas, pero hoy, mientras comía la media tostada con tomate y queso fresco, y escuchaba el diagnóstico finalmente lo entendí.

Nunca le he temido a las citas médicas, soy una persona saludable, sin embargo, ahora entiendo a las personas que tienen todas las papeletas para enfermedades en la ruleta, cosa que entre la distancia social no ejercida y la angustia de ese lugar me vi obligada a  tomar la decisión de asumir esta situación de la mejor manera.

De primeras te asustas, pero luego recuerdas que no haces nada con ese miedo, pues lo que toca es auxiliar a la otra persona y buscar soluciones, eso da fuerza al equipo y lo enriquece, con lo cual te alejas de los círculos viciosos de la autocompasión y los lamentos.

Solo tenemos este instante, me aseguraré de aprovecharlo,

de estar contigo y disfrutarnos


-Sara Matos-

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La Mudanza

Mi hermano se encontraba en plena mudanza cuando fuimos a visitarlo, en una caja de su mundanza se mostraba escrito lo siguiente:

”Shit I should’ve thrown away ages ago but I didn’t have the time, now I have to move with it again”

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”Mierda que tuve que haber tirado años atrás pero no tenía tiempo, ahora tengo que mudarme con ellas otra vez”

Me pareció asombroso el hecho de que lo tuviese que apuntar de esa manera, mi hermano y yo siempre hemos tomado varias vías para hacer catarsis, una de ellas la hemos denominado ”the performance”,  que no es más que una interpretación nacida por el hecho de que toda nuestra vida estuvo documentada en cámara, y nos sentimos cómodos con las presentaciones del artista. Durante nuestro performance instalamos una especie de escenario mental en el cual, muy teatralmente dejamos representada nuestra vivencia, en este caso, una puesta en escena a través de la fotografía.

Mudarme ha sido una constante en mi vida, es un tema que toqué en la última sesión con mi Psicóloga, la cual me comentaba que, ¿cuántas cajas  (me atrevo a tomar el ejemplo de mi hermano) he llevado conmigo en ésta mudanza? mierda totalmente innecesaria que solo cumple la función de hacerte consciente de su peso, y por otro lado, ¿cuáles de mis cajas de herramientas no he abierto aún? ya que durante éste período de adaptación he optado por ignorarme y auxiliar al otro, tener miedo al otro por mostrarse como es, por una distancia autoimpuesta que solo enmarca una distancia conmigo misma y con mi propia vulnerabilidad.

Solo sé, que una de esas cajas de herramientas ya fue abierta, y es la caja que me hace-ser, la de la creatividad, la del artista, que se sienta a elaborar sus memorias, la que me guía hacia una estructura, estructura que yo llamo ”escritorio”, por todo lo que representa en mí, por ser un espacio en el que aprendí a ser libre, un espacio en el cual aprendí a ser Psicóloga y un espacio en el que soy yo misma.


-Saraverdades

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Brujas

Existe una parte de mí que es extremamente intuitiva, y dejar ser esa parte me angustia porque me acerca a lo ”cuántico”, sin embargo, cuando me permito vivirla me muestra toda la interconexión de las cosas y no sólo eso, sino que, al estar mi mente conectada con todas las cosas, dejándola sentir a través de todo mi cuerpo, es cuando ocurre la magia.

Hay una Sara bruja que habita dentro de mí, muy fuerte, muy consciente, las veces que la he dejado salir libre, tomé las mejores decisiones, las veces que la he dejado salir libre, me enseñó símbolos que una vez desvelados la energía comenzó a fluir. Ahora ella danza por allí, libre, como ha debido estar y su magia se hace presente en mí de las formas más simples, todo lo que anhela mi alma se me muestra en la realidad, todo lo que anhela mi alma mi bruja me lo concede, y ya sin ataduras me permito vivirla.


 

-Sara Matos-

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Lo ideal dentro de lo que no fue

La verdad es que te amé, y con la nostalgia de hoy, te amo. Puede que solo sea amar los momentos en los que en verdad compartíamos la risa, y no me di cuenta. Por momentos miro atrás y veo que ahí estás saludándome, dándome las lecciones que a día de hoy sigo aprendiendo. No somos personas que sepan coincidir, en cualquier oportunidad optamos por huir hacia adelante, así que te honro hoy, en mi rato de soledad.

No sé cómo lo llevas hoy, yo solo agradezco tu recuerdo que aún tiene letras para ser escritas, eso me parece sorprendente y me hace entender que fuiste mucho más que un ser que esperó conmigo en la parada, porque sigo escribiendo con la intención de divinizar lo que viví o ¿vivimos?

Solo te encuentro a través de mis letras, y es un encuentro que florece sin mucho esfuerzo. Está bien, no pretendo más que mi propia reflexión, es la mejor forma que tengo para estar contigo, y aunque mis letras estén encriptadas, sé que llegarás a encontrarte, sé que llegarás a saberlo.

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-Sara Matos-

No sé dónde estoy, pero sé que pronto lo sabré

  A veces, en un rinconcito de la noche mis pensamientos se nublan entre lo absurdo y empiezo por no recordar cómo llegué aquí, ni qué tuvo que pasar para que yo llegara a mi anhelado destino. Rescato antiguas conversaciones con el propósito de esclarecer mis nuevos vacíos y es sorprendente toparme con mi valía, mi capacidad de aguante, porque ahora mismo, me queda muy lejos esa Sara. Es otra nueva etapa en el que la energía destinada para mis nuevas metas, es distinta.

  Tengo momentos en los que empiezo a disociarme, siento síntomas que se relacionan con la ansiedad. De hecho, en estos días me asusté porque me dolía el pecho como si de un ataque cardíaco se tratase, pero sé que todo está en mi mente, entre mi estrés y la hipocondria. Novio me cuenta sobre el ”Síndrome del corazón roto” algunos síntomas se le parecen, pero como he dicho, sé que es la ansiedad. Trato de encontrar cosas que me recuerden a casa, que me aten a mi núcleo, porque cuando empiezo a disociarme, pierdo norte y mucho de sentido de mi vida.

  Ahora vivo en un pueblo colonizado por extranjeros en su retiro, la gente joven es escasa y el ritmo citadino una ilusión. La atracción de éste pueblo para mí, se centra en pasear al perro en tranquilidad e ir al supermercado, caminar en libertad era algo que empezaba a olvidar. Formar parte de éste retiro también me ayuda a tranquilizarme, sin embargo, la tranquilidad es para mí, un referente de lo que quiero a futuro y no quiero perder el ritmo frenético de la ciudad, ni de sus miles de rincones para explorar, ni de la cultura que baña a las personas. Mientras no sepa dónde estoy, tengo que obligarme a pensar hacia dónde quiero ir.

Tardé mucho en dar un re-inicio a la escritura, no encontraba el momento. Así van las cosas, así vendrán las rimas.

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-Saragrafias

Bitácora de Saragrafías: El viaje

Estoy cansada si quiera para escribir mis memorias, volver a Venezuela fue como volver a ponerme la camisa de fuerza que me mantiene a raya, sin embargo, estoy lo suficientemente despierta para contener las ideas, filtrarlas y dejar constancia en mi blog… espera ¿qué? ¿te fuiste?

Sí señores, una ausencia merecida hacia un reencuentro familiar que nos debíamos, puede el tiempo hacer estragos y consumir nuestra existencia, esta una de las tantas reflexiones sobre el viaje, que compartiré a continuación.

Mi hermano vive en México, país con el que tengo historia, así que volver a él, fue volver a la calidez de un hogar en el que pertenezco y soy correspondida, por el otro lado, “volver a la hermandad” como lo dije hace unos días, es volver al sentido que tiene un vínculo, un igual y un núcleo compartido, esto suena rimbombante, así que aclararé el significado. Básicamente no había visto a mi hermano en 6 años, he perdido la sabiduría que da la convivencia y lo que realmente significa tener un igual, Venezuela te mantiene en una opresión tal que solo se ha concentrado en marcar la desigualdad, manteniendo una competencia absurda por sobrevivir, las noches más oscuras de este año me han servido para ilustrar que lejos de contribuir como “comunidad” ante crisis humanitarias, solo se espera dañar al otro, lo que conlleva a que permanezcas en una postura defensiva y desconfiada de todo el que te rodea.

La fraternidad había sido desplazada, el no sentido de pertenencia hacia mi núcleo, el despropósito de crear vínculos, era algo que había normalizado, la sensación de formar parte y de entender que otro está para tenderte la mano parecía algo lejano, en desuso y olvidado. Que te reciban con muestras de aprecio desinteresadas, que puede ser lo más normal del mundo, para una persona como yo, que viene de un ambiente totalmente adverso, es una acción que conmueve hasta la médula, pues me doy cuenta que la indefensión aprendida está, y que me he acostumbrado al maltrato y a la sola supervivencia. Sí que es cierta la frase que dice que “hasta para ser libre hay que acostumbrarse” estar en aislamiento del progreso hace que por momentos olvides soñar en grande y que eres merecedora de tus éxitos, pues el tiempo parece ser un carcelario que te recuerda que la esperanza no existe, envejeces y comienzas a dejar de luchar.

México como siempre ha sido un país al cual volver, adoro su cultura, su gente, sus paisajes, me siento en casa, me siento querida, me recordó las cosas por las que lucho, en las que creo, mi ruta siguiente y lo que me falta para alcanzar mi próxima meta. Vengo con la energía renovada, con el candor del reencuentro, con ganas de seguir y convertir al tiempo en mi aliado ¡Volvemos!

La senectud de mis padres

El viaje me hizo entender que mis padres transitan ahora el pabellón que conduce a la vejez, ser consciente de este hecho ha sido un choque, porque estoy acostumbrada a ver a mis padres ser proactivos, así que era de esperarse que el paso del tiempo reajustara la forma en la que se enfrentan al mundo. Muchas de las decisiones como líder de grupo le correspondían a mi padre, ver ahora que su capacidad física ha disminuido conlleva a que sus tareas sean delegadas a sus hijos. Viajar con ellos me confrontó con su realidad y la realidad es que ya no pueden hacer las mismas cosas del modo al que yo estaba acostumbrada, cuando entiendes eso, logras aumentar tu empatía y calmar tu mente, pues la paciencia es algo que debe imperar, como le decía a una amiga, “yo también voy a pasar por eso y lo único que no quiero es que me traten mal”.

Así que debido a esto, el itinerario del viaje cambió, se disminuyeron las caminatas, y en vez de ser aventureros (que nunca lo hemos sido) descansamos del mundo hostil del que proveníamos. Supongo que para mi hermano también fue un impacto, ya que ha perdido como he dicho, la sabiduría de la convivencia y el concepto de padres que se hallaba en su mente pertenecía a la imagen de unos padres rozagantes de vitalidad, ahora que conocemos la realidad de nuestra familia, espero que la próxima reunión no sea dentro de otros 6 años más, el tiempo corroe, el tiempo no perdona y es nuestra única constante.

La tercera cosa que odio: El venezolano que “queda”

Estar en 2 aviones compartiendo con 100 venezolanos ha sido el caldo de cultivo si se quiere, de mis apuntes antropológicos, el venezolano que queda, es aquel que ha sido despojado de toda cívica, perteneciente de un lugar sin dueño ni leyes, cree poder imponérsele a los demás con su desestructura, pues no respeta el lugar que ocupa el otro, no pasa desapercibido, siempre hará alarde, querrá ser visto, tiene un rancho en la cabeza. Lo odio, me avergüenza si quiera decir que soy venezolana, porque nuestra sociedad se ha descompuesto a tal punto de ser animales heridos, nos hemos convertimos en cáncer, en el chamo incómodo de ver, en los que nadie quiere tener que lidiar, el venezolano que queda es aquel incapaz de adaptarse, chovinista y jodedor, por ellos, pagamos todos, las miradas de desprecio y hasta un punto de control migratorio se convierte en tu peor pesadilla solo porque tu pasaporte dice “Venezuela”.

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En resumen, esta ha sido mi experiencia y reflexiones con respecto a este viaje, ya saben que me gusta dejar constancia por escrito de mis vivencias, porque yo que solía bromear con mi déficit de memoria a largo plazo, parece ahora una realidad al darme cuenta que el gen del Alzheimer corre por mis venas, así que más me vale ejercitar mi cerebro con mis vivencias.

Estoy de vuelta y no dejaré de escribir.

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-Saraverdades.

Hoy hablaremos de: La Matriz

Hola, soy Sara, tengo 24 años y no quiero tener hijos.

Se ve que decirlo ahora es mucho menos ofensivo que años atrás, sin embargo, aún requieres dar explicaciones al mundo del porqué no quieres tener hijos, ya que nunca faltará el típico comentario de: “Ay es que estás muy joven, ya cambiarás de opinión” sumado a otros como la que hasta ahora es la frase cumbre que más me produce escozor “Ay, es que los hijos vienen solos”

No.

Soy lo bastante egoísta (esto en su polo positivo, si es que hay) para dedicarme la vida, porque en mi cerebro todavía me queda grande el concepto de “matriz”, pero bueno, esto no es una entrada para explicar las razones por las que no quiero tener hijos, es una entrada reflexiva para ampliar dentro de mi perspectiva el concepto de “mater”

Tengo amigas que son madres, amigas que han abortado y amigas que te tratan como si fuesen una madre, yo siempre quedo relegada porque me asumo como “tía”, ya que inconscientemente dentro de sus posiciones han alcanzado la sabiduría que te da el ser “madre” un conocimiento que yo solo puedo ver a través de ellas. 

Todo comenzó al estudiar el antropológico venezolano, y es que la estructura familiar del mundo-de-vida popular venezolano lo compone una madre que se convierte en un ser “omniabarcante”, donde los vínculos relacionales se construyen alrededor de su figura, es por eso que se le señala como estructura “matricentrada”. Este hecho causó impacto en mi ser, porque me di cuenta de mi proceder y es que vengo de un mundo-de-vida totalmente diferente al popular venezolano, debido a esto digo que en gran medida la palabra “mater” me queda grande, porque dentro de las características de la estructura familiar matricentrada, la figura de la pareja no existe, porque no existe una figura de mujer, solo se erige una madre que su existencia se anuda a sus hijos, hijos que criará en el caso de ser niña; para ser una madre y en el niño para que se siga asumiendo como hijo, nunca como hombre, ni mucho menos como padre.

Esto parece confuso, intento explicarlo lo mejor que puedo, Alejandro Moreno, lo explicará mejor si tienen interés en saber más sobre esto. El antropológico nos da atisbo de lo que refiere a una sociedad y el hecho de que la figura de la pareja se pierda, porque la mujer también se pierde cuando asume su madredad, en el mejor de los casos, durante los primeros años de vida, es algo que mi cerebro no está dispuesto a sacrificar,  y no es el hecho de la pareja o no pareja, es el hecho de que se pierde tu individualidad como mujer, esto es entender y comprender que la vida de muchas mujeres se ancla como si del destino se tratase al único hecho de ser madre, mientras que su individualidad se anula.

Ahora vamos a lo práctico, recientemente una de mis mejores amigas dio a luz a un ser que me ha enseñado sobre la “matriz” porque debo aclarar que no me gustan los bebés, no me llaman para nada la atención, si puedo tenerlos lejos mejor, sin embargo, gracias a este bebé pude acercarme al mundo de la madredad, observarlo desde cerca, empatizar y amar como una verdadera tía. Sinceramente fue un recordatorio de por qué no quiero ser madre y es que días previos a su nacimiento me invadió una profunda tristeza que la viví como un duelo, ya que mi amiga como la conocía, dejaba de existir, la mujer dejaba de existir, porque lastimosamente nunca se desarrolló su ser individual y se lanzó a ser madre, pero independientemente de todo, ella como la conocía dejaba de existir ¿Soy egoísta por pensar así? no lo sé, lo cierto es que fue un registro para mi diario de campo.

No me emociona ver a bebés ¿Lo dije? pero ver al retoño me vitalizaba y por el otro lado observar a su madre, a pesar de lo bien que estaba, me quitaba energía, porque verla a ella, saber el trasfondo del padre de la criatura, su trabajo de parto, el estrago de un bebé en el cuerpo de una mujer, me aterraba y a la vez me producía una admiración tal, que fundaría calles con los nombres de mis amigas-madres. 

El concepto de “matriz” me queda grande porque tampoco es que le tenga un profundo afecto hacia mi país, donde mi nacionalidad ahora es un estigma y la vida en esta tierra solo me hace ser un aborto, un bebé prematuro, o un hijo no deseado, en un autoexilio decido “huir” de mi “alma-mater” de mi “madre-nutricia” donde su alimento es tóxico y desesperanzador. 

El concepto de “matriz” me queda grande, porque han habido “otras-madres” en mi vida que me han dicho con palabras lo que mi madre no pudo, no ha podido, sin embargo, el hecho de pertenecer a otro mundo-de-vida ha hecho que mi madre no pierda su cualidad de mujer, por lo tanto, existe y ejerce la posición de pareja de un hombre-padre, lo cual ha hecho que no me haya criado para ser una madre, ni servir a una pareja como un hijo, es por esto que ha sido fácil despedirme de muchísimas “mater” (lugares, personas) lo que ha dado lugar a la libertad del desapego.

El concepto de “matriz” me queda grande porque aun no tenemos la libertad de decidir sobre nuestro propio cuerpo y no me quiero alargar en este punto.

Me tocarán más mundos-de-vida diferentes, y me gustaría averiguar cómo es vivida la maternidad, sería interesante descubrir nuevos significados. Con toda esta entrada no quiero desprestigiar ni mucho menos,  admiro a cada madre y a cada mujer-madre.

Aunque todos queramos volver al origen, yo elijo llegar tarde. 

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-Saraverdades

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