Microhistorias: La enfermedad

No sé en qué momento mi baño comenzó a parecerse al pabellón de un hospital, el lavamanos comenzaba a llenarse de objetos médicos, las paredes claramente empezaban a adquirir un olor clínico característico. No sé en qué momento mi piel palideció, ni cuánto tiempo pasó desde aquella danza en libertad. ”Todo puede faltar, excepto la salud” me decía en el momento que se resistía una lágrima. Las pastillas ahora son mi desayuno y por primera vez, siento la pesadez del aislamiento.


-Sara Matos-

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