Bitácora de Saragrafías: El viaje

Estoy cansada si quiera para escribir mis memorias, volver a Venezuela fue como volver a ponerme la camisa de fuerza que me mantiene a raya, sin embargo, estoy lo suficientemente despierta para contener las ideas, filtrarlas y dejar constancia en mi blog… espera ¿qué? ¿te fuiste?

Sí señores, una ausencia merecida hacia un reencuentro familiar que nos debíamos, puede el tiempo hacer estragos y consumir nuestra existencia, esta una de las tantas reflexiones sobre el viaje, que compartiré a continuación.

Mi hermano vive en México, país con el que tengo historia, así que volver a él, fue volver a la calidez de un hogar en el que pertenezco y soy correspondida, por el otro lado, “volver a la hermandad” como lo dije hace unos días, es volver al sentido que tiene un vínculo, un igual y un núcleo compartido, esto suena rimbombante, así que aclararé el significado. Básicamente no había visto a mi hermano en 6 años, he perdido la sabiduría que da la convivencia y lo que realmente significa tener un igual, Venezuela te mantiene en una opresión tal que solo se ha concentrado en marcar la desigualdad, manteniendo una competencia absurda por sobrevivir, las noches más oscuras de este año me han servido para ilustrar que lejos de contribuir como “comunidad” ante crisis humanitarias, solo se espera dañar al otro, lo que conlleva a que permanezcas en una postura defensiva y desconfiada de todo el que te rodea.

La fraternidad había sido desplazada, el no sentido de pertenencia hacia mi núcleo, el despropósito de crear vínculos, era algo que había normalizado, la sensación de formar parte y de entender que otro está para tenderte la mano parecía algo lejano, en desuso y olvidado. Que te reciban con muestras de aprecio desinteresadas, que puede ser lo más normal del mundo, para una persona como yo, que viene de un ambiente totalmente adverso, es una acción que conmueve hasta la médula, pues me doy cuenta que la indefensión aprendida está, y que me he acostumbrado al maltrato y a la sola supervivencia. Sí que es cierta la frase que dice que “hasta para ser libre hay que acostumbrarse” estar en aislamiento del progreso hace que por momentos olvides soñar en grande y que eres merecedora de tus éxitos, pues el tiempo parece ser un carcelario que te recuerda que la esperanza no existe, envejeces y comienzas a dejar de luchar.

México como siempre ha sido un país al cual volver, adoro su cultura, su gente, sus paisajes, me siento en casa, me siento querida, me recordó las cosas por las que lucho, en las que creo, mi ruta siguiente y lo que me falta para alcanzar mi próxima meta. Vengo con la energía renovada, con el candor del reencuentro, con ganas de seguir y convertir al tiempo en mi aliado ¡Volvemos!

La senectud de mis padres

El viaje me hizo entender que mis padres transitan ahora el pabellón que conduce a la vejez, ser consciente de este hecho ha sido un choque, porque estoy acostumbrada a ver a mis padres ser proactivos, así que era de esperarse que el paso del tiempo reajustara la forma en la que se enfrentan al mundo. Muchas de las decisiones como líder de grupo le correspondían a mi padre, ver ahora que su capacidad física ha disminuido conlleva a que sus tareas sean delegadas a sus hijos. Viajar con ellos me confrontó con su realidad y la realidad es que ya no pueden hacer las mismas cosas del modo al que yo estaba acostumbrada, cuando entiendes eso, logras aumentar tu empatía y calmar tu mente, pues la paciencia es algo que debe imperar, como le decía a una amiga, “yo también voy a pasar por eso y lo único que no quiero es que me traten mal”.

Así que debido a esto, el itinerario del viaje cambió, se disminuyeron las caminatas, y en vez de ser aventureros (que nunca lo hemos sido) descansamos del mundo hostil del que proveníamos. Supongo que para mi hermano también fue un impacto, ya que ha perdido como he dicho, la sabiduría de la convivencia y el concepto de padres que se hallaba en su mente pertenecía a la imagen de unos padres rozagantes de vitalidad, ahora que conocemos la realidad de nuestra familia, espero que la próxima reunión no sea dentro de otros 6 años más, el tiempo corroe, el tiempo no perdona y es nuestra única constante.

La tercera cosa que odio: El venezolano que “queda”

Estar en 2 aviones compartiendo con 100 venezolanos ha sido el caldo de cultivo si se quiere, de mis apuntes antropológicos, el venezolano que queda, es aquel que ha sido despojado de toda cívica, perteneciente de un lugar sin dueño ni leyes, cree poder imponérsele a los demás con su desestructura, pues no respeta el lugar que ocupa el otro, no pasa desapercibido, siempre hará alarde, querrá ser visto, tiene un rancho en la cabeza. Lo odio, me avergüenza si quiera decir que soy venezolana, porque nuestra sociedad se ha descompuesto a tal punto de ser animales heridos, nos hemos convertimos en cáncer, en el chamo incómodo de ver, en los que nadie quiere tener que lidiar, el venezolano que queda es aquel incapaz de adaptarse, chovinista y jodedor, por ellos, pagamos todos, las miradas de desprecio y hasta un punto de control migratorio se convierte en tu peor pesadilla solo porque tu pasaporte dice “Venezuela”.

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En resumen, esta ha sido mi experiencia y reflexiones con respecto a este viaje, ya saben que me gusta dejar constancia por escrito de mis vivencias, porque yo que solía bromear con mi déficit de memoria a largo plazo, parece ahora una realidad al darme cuenta que el gen del Alzheimer corre por mis venas, así que más me vale ejercitar mi cerebro con mis vivencias.

Estoy de vuelta y no dejaré de escribir.

Sígueme en mis redes sociales @saragrafias ❤ en Instagram comparto historias varias, así que desde allí no notarán mi ausencia. Gracias por leer.

-Saraverdades.

9 comentarios sobre “Bitácora de Saragrafías: El viaje

  1. •~…leer~te es un toque de humanidad, conmueve, llegas, te instalas en una parte del sentir. Sara, que bonito que aunque haces una tremenda reflexión sobre el venezolano, la humanidad no está muy lejos de esa ruptura colectiva…, aún así la salvedades que haces referencias, y el esplendor del amor por los tus padres demuestra que habita mucho más en el ser… no dejes de dejar tus memorias, y re~escribirte cada día… abrazos grandes! ~•

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