Microhistorias: La enfermedad

No sé en qué momento mi baño comenzó a parecerse al pabellón de un hospital, el lavamanos comenzaba a llenarse de objetos médicos, las paredes claramente empezaban a adquirir un olor clínico característico. No sé en qué momento mi piel palideció, ni cuánto tiempo pasó desde aquella danza en libertad. ”Todo puede faltar, excepto la salud” me decía en el momento que se resistía una lágrima. Las pastillas ahora son mi desayuno y por primera vez, siento la pesadez del aislamiento.


-Sara Matos-

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Si no te encuentras en mis letras es porque no has buscado bien

-Sara Matos-

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La vida no dice cuándo

La vida no dice cuándo

habrá que adivinar el paso

o mejor aún

ir improvisando.

-Sara Matos-

No sé dónde estoy, pero sé que pronto lo sabré

  A veces, en un rinconcito de la noche mis pensamientos se nublan entre lo absurdo y empiezo por no recordar cómo llegué aquí, ni qué tuvo que pasar para que yo llegara a mi anhelado destino. Rescato antiguas conversaciones con el propósito de esclarecer mis nuevos vacíos y es sorprendente toparme con mi valía, mi capacidad de aguante, porque ahora mismo, me queda muy lejos esa Sara. Es otra nueva etapa en el que la energía destinada para mis nuevas metas, es distinta.

  Tengo momentos en los que empiezo a disociarme, siento síntomas que se relacionan con la ansiedad. De hecho, en estos días me asusté porque me dolía el pecho como si de un ataque cardíaco se tratase, pero sé que todo está en mi mente, entre mi estrés y la hipocondria. Novio me cuenta sobre el ”Síndrome del corazón roto” algunos síntomas se le parecen, pero como he dicho, sé que es la ansiedad. Trato de encontrar cosas que me recuerden a casa, que me aten a mi núcleo, porque cuando empiezo a disociarme, pierdo norte y mucho de sentido de mi vida.

  Ahora vivo en un pueblo colonizado por extranjeros en su retiro, la gente joven es escasa y el ritmo citadino una ilusión. La atracción de éste pueblo para mí, se centra en pasear al perro en tranquilidad e ir al supermercado, caminar en libertad era algo que empezaba a olvidar. Formar parte de éste retiro también me ayuda a tranquilizarme, sin embargo, la tranquilidad es para mí, un referente de lo que quiero a futuro y no quiero perder el ritmo frenético de la ciudad, ni de sus miles de rincones para explorar, ni de la cultura que baña a las personas. Mientras no sepa dónde estoy, tengo que obligarme a pensar hacia dónde quiero ir.

Tardé mucho en dar un re-inicio a la escritura, no encontraba el momento. Así van las cosas, así vendrán las rimas.

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-Saragrafias

Despedida

Mientras te veía herida luchando siempre por querer comprenderme, yo solo sabía 2 cosas con certeza; que estabas herida y que mi existencia me dolía. Tratar de traerte a mi situación y que la vivas conmigo sería injusto, si ni yo mismo la comprendo.

No sé qué clase de persona soy cuando no estoy contigo, tampoco sé si estoy amándote correctamente, hacerte pasar por esto es un desatino.

Yo solo sabía 2 cosas; estabas herida y mi existencia me dolía.


-Sara Matos-

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Bitácora de Saragrafías: El viaje

Estoy cansada si quiera para escribir mis memorias, volver a Venezuela fue como volver a ponerme la camisa de fuerza que me mantiene a raya, sin embargo, estoy lo suficientemente despierta para contener las ideas, filtrarlas y dejar constancia en mi blog… espera ¿qué? ¿te fuiste?

Sí señores, una ausencia merecida hacia un reencuentro familiar que nos debíamos, puede el tiempo hacer estragos y consumir nuestra existencia, esta una de las tantas reflexiones sobre el viaje, que compartiré a continuación.

Mi hermano vive en México, país con el que tengo historia, así que volver a él, fue volver a la calidez de un hogar en el que pertenezco y soy correspondida, por el otro lado, “volver a la hermandad” como lo dije hace unos días, es volver al sentido que tiene un vínculo, un igual y un núcleo compartido, esto suena rimbombante, así que aclararé el significado. Básicamente no había visto a mi hermano en 6 años, he perdido la sabiduría que da la convivencia y lo que realmente significa tener un igual, Venezuela te mantiene en una opresión tal que solo se ha concentrado en marcar la desigualdad, manteniendo una competencia absurda por sobrevivir, las noches más oscuras de este año me han servido para ilustrar que lejos de contribuir como “comunidad” ante crisis humanitarias, solo se espera dañar al otro, lo que conlleva a que permanezcas en una postura defensiva y desconfiada de todo el que te rodea.

La fraternidad había sido desplazada, el no sentido de pertenencia hacia mi núcleo, el despropósito de crear vínculos, era algo que había normalizado, la sensación de formar parte y de entender que otro está para tenderte la mano parecía algo lejano, en desuso y olvidado. Que te reciban con muestras de aprecio desinteresadas, que puede ser lo más normal del mundo, para una persona como yo, que viene de un ambiente totalmente adverso, es una acción que conmueve hasta la médula, pues me doy cuenta que la indefensión aprendida está, y que me he acostumbrado al maltrato y a la sola supervivencia. Sí que es cierta la frase que dice que “hasta para ser libre hay que acostumbrarse” estar en aislamiento del progreso hace que por momentos olvides soñar en grande y que eres merecedora de tus éxitos, pues el tiempo parece ser un carcelario que te recuerda que la esperanza no existe, envejeces y comienzas a dejar de luchar.

México como siempre ha sido un país al cual volver, adoro su cultura, su gente, sus paisajes, me siento en casa, me siento querida, me recordó las cosas por las que lucho, en las que creo, mi ruta siguiente y lo que me falta para alcanzar mi próxima meta. Vengo con la energía renovada, con el candor del reencuentro, con ganas de seguir y convertir al tiempo en mi aliado ¡Volvemos!

La senectud de mis padres

El viaje me hizo entender que mis padres transitan ahora el pabellón que conduce a la vejez, ser consciente de este hecho ha sido un choque, porque estoy acostumbrada a ver a mis padres ser proactivos, así que era de esperarse que el paso del tiempo reajustara la forma en la que se enfrentan al mundo. Muchas de las decisiones como líder de grupo le correspondían a mi padre, ver ahora que su capacidad física ha disminuido conlleva a que sus tareas sean delegadas a sus hijos. Viajar con ellos me confrontó con su realidad y la realidad es que ya no pueden hacer las mismas cosas del modo al que yo estaba acostumbrada, cuando entiendes eso, logras aumentar tu empatía y calmar tu mente, pues la paciencia es algo que debe imperar, como le decía a una amiga, “yo también voy a pasar por eso y lo único que no quiero es que me traten mal”.

Así que debido a esto, el itinerario del viaje cambió, se disminuyeron las caminatas, y en vez de ser aventureros (que nunca lo hemos sido) descansamos del mundo hostil del que proveníamos. Supongo que para mi hermano también fue un impacto, ya que ha perdido como he dicho, la sabiduría de la convivencia y el concepto de padres que se hallaba en su mente pertenecía a la imagen de unos padres rozagantes de vitalidad, ahora que conocemos la realidad de nuestra familia, espero que la próxima reunión no sea dentro de otros 6 años más, el tiempo corroe, el tiempo no perdona y es nuestra única constante.

La tercera cosa que odio: El venezolano que “queda”

Estar en 2 aviones compartiendo con 100 venezolanos ha sido el caldo de cultivo si se quiere, de mis apuntes antropológicos, el venezolano que queda, es aquel que ha sido despojado de toda cívica, perteneciente de un lugar sin dueño ni leyes, cree poder imponérsele a los demás con su desestructura, pues no respeta el lugar que ocupa el otro, no pasa desapercibido, siempre hará alarde, querrá ser visto, tiene un rancho en la cabeza. Lo odio, me avergüenza si quiera decir que soy venezolana, porque nuestra sociedad se ha descompuesto a tal punto de ser animales heridos, nos hemos convertimos en cáncer, en el chamo incómodo de ver, en los que nadie quiere tener que lidiar, el venezolano que queda es aquel incapaz de adaptarse, chovinista y jodedor, por ellos, pagamos todos, las miradas de desprecio y hasta un punto de control migratorio se convierte en tu peor pesadilla solo porque tu pasaporte dice “Venezuela”.

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En resumen, esta ha sido mi experiencia y reflexiones con respecto a este viaje, ya saben que me gusta dejar constancia por escrito de mis vivencias, porque yo que solía bromear con mi déficit de memoria a largo plazo, parece ahora una realidad al darme cuenta que el gen del Alzheimer corre por mis venas, así que más me vale ejercitar mi cerebro con mis vivencias.

Estoy de vuelta y no dejaré de escribir.

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-Saraverdades.

Que los dioses tengan clemencia

Si así me veo de enamorado

que me perdone el jurado

ya sé que hay pocos espectadores

que se quedan a admirar el espectáculo

de un desastre anunciado.

 

Si así me veo de enamorado

que me perdone el espejo

nunca vi semejante nivel de torpeza

ni en mis peores momentos.

 

Fui capaz de salir de escena

y verme la obra completa

si así me veo de enamorado

que los dioses tengan clemencia.

 


-Sara Matos-

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Comprendiendo la sombra

Recuerdo esos frustrados trazos, en donde la sombra excluía, los primeros bocetos de mi arte que no se conciliaban con su contraparte. Allí apareció una musa con capa de parca, que a mis bocetos iluminó con la profundidad de su claro-oscuro, un degradado de dolor que aún no había integrado a mi vida y que es tan necesario para los artistas.

Cada día que pasa, me doy cuenta que mi musa forma parte de mi matiz y que por su presencia la paleta de colores se ensancha, me ayuda a darle forma a la vida, a entender que entre cada sombra, hay una luz que la compone y viceversa. Ha sido sin saberlo, un maestro que me ha humanizado de las formas más nobles, sus lecciones han forjado mi carácter, han endurecido mi cuero y además, me ha otorgado la capa, que lejos de ser un obstáculo en la indumentaria, es un digno accesorio que completa al mago y a la bruja.


-Sara Matos-

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Pasará…

Ya he pagado mi cuota

Por traiciones e injurias

Sin darme cuenta la vida

Me reprochó mi aprendizaje.

 

Ahora disfruto los lujos de una mente serena

De poder dormir por las noches

el llanto no me desvela

no me mantienes despierta.

 

Ya he pagado la cuota

y aunque no tengo presupuestada la suerte

ahora ya no demora la pena

nuevos tiempos me esperan.

 

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-Sara Matos-

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“Drift Away”

Una mañana celeste

un corazón despierta

en 2 mitades exactas

de dolor anestesiadas.

 

 

La soledad le impregna

de un inocente brillo

aún está latiendo

puede sentir alivio.

 

 

Pobre corazón dolido

que asume la cruel espera

mientras sus mitades integra

cree escuchar la puerta.


-Sara Matos-

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